19 de abril de 2024

La fantasía colonial de la minería de litio

Por Gian Ferrari Slukich Desde Antofagasta de la Sierra, Catamarca La Comunidad Diaguita de Carachi Pampa habita la puna catamarqueña, lugar donde comenzó la explotación transnacional de la minería de litio en 1997. Actualmente, en Argentina, todos los salares están ocupados por proyectos de extracción de este metal. En el departamento de Antofagasta de la…

Por Gian Ferrari Slukich

Desde Antofagasta de la Sierra, Catamarca

La Comunidad Diaguita de Carachi Pampa habita la puna catamarqueña, lugar donde comenzó la explotación transnacional de la minería de litio en 1997. Actualmente, en Argentina, todos los salares están ocupados por proyectos de extracción de este metal. En el departamento de Antofagasta de la Sierra ya son 16 los proyectos que se encuentran en distintas etapas y avanzan sobre los humedales altoandinos, ecosistemas que almacenan, retienen y proveen de agua a las 2008 personas que, según el último censo, allí viven junto a una fauna diversa de llamas, vicuñas, flamencos, ovejas y suris. Florentino Vázquez, cacique diaguita, describe cómo operan las mineras y qué quiere la comunidad indígena.

Eva Cardoso junto a sus hijos, René y Florentino Vázquez, en la galería de su hogar – Foto: Gian Ferrari Slukich

Antofagasta de la Sierra es un destino turístico de alto valor natural y cultural. Sus visitantes contemplan los volcanes, el campo de piedra pómez, las lagunas, los salares, los animales, los sitios arqueológicos, la inmensidad de la Cordillera de Los Andes y el modo de vida de su pueblo. Florentino Vázquez, cacique de la Comunidad Diaguita de Carachi Pampa, cuestiona el accionar de la minería transnacional de litio en los territorios ancestrales.

Al pautar la entrevista, Vázquez indica que, al ingresar al territorio, avisemos a los guardias del proyecto Kachi que el cacique había autorizado el paso. De otra forma, aclara, será difícil poder ingresar.

El proyecto Kachi es de la empresa australiana Lake Resources en asociación con Lilac Solutions (de Estados Unidos), operado por la subsidiaria argentina Morena del Valle Minerals. Se encuentra en la etapa final de su exploración avanzada, espera estar activo en el territorio durante 25 años y extraer 50.000 toneladas de carbonato de litio por año.

Esto implica que utilizarían, según las estimaciones más amables, por tonelada de carbonato de litio unos 30.000 litros de agua dulce y evaporar (también por tonelada), medio millón de litros de agua de salmuera. Es decir, solo este proyecto en 90 días utilizará más agua dulce que la que consumen todas las personas del departamento de Antofagasta de la Sierra en un año (según datos oficiales, una persona consume en sus actividades de alimentación e higiene unos 420 litros diarios de agua dulce).

Al recorrer el camino principal se percibe un olor hediondo que tiene explicación: la empresa lo riega con sus residuos líquidos. Al llegar a un cruce que desemboca a pocos metros de la mina, se interpone la “seguridad” de la minera compuesta por tres hombres que, pisándose al habar, intentan argumentar que no se puede entrar porque es “zona minera”. Dicen “no era por ahí el camino” y, al mismo tiempo, entre ellos reconocen que no saben por dónde es. Hasta que resuelven escoltarnos hasta otro lugar.

Durante la espera, el que viste una remera de Cookins (empresa de catering corporativo) le cuenta a los demás que había trabajado en las mineras Livent y Galaxy. Detrás de ellos se observa una moderna ambulancia con el dibujo de la Chakana (símbolo representativo de pueblos originarios andinos). Al rato, sale una camioneta a marcar el camino de los visitantes. Se dejan ver varios parajes que se encuentran ahora sitiados por la minería de litio.

Laguna Rosada de Carachi Pampa. En primer plano los flamencos, escoltados detrás por la instalación minera – Foto: Gian Ferrari Slukich

“Las empresas mienten mucho”

A pocos metros se encuentran las casas de las familias Vázquez y Cardoso. Esta última es la más antigua de la región, con más de 200 años en el lugar. La vivienda de la familia está rodeado de corrales, un horno de barro, la apacheta (montículo de piedras a modo de ofrenda a la Pachamama) donde realizan la corpachada (ceremonia de homenaje a la Pachamama, donde se le da de comer y beber) y el pozo de agua. Recibe afectuosamente la abuela Eva y sus hijos, junto a varias llamitas de cuatro meses. En el ingreso sombreado de la casa, Florentino Vázquez comienza a hablar. Casi no hacen falta preguntas, las palabras le brotan, describe las penurias que atraviesan por vivir junto a la mina de litio.

—Tenemos corrales acá y allá, son los encierros que tiene la hacienda pero en esta época se da libre. Solamente los encierros se reservan para la época de invierno porque acá no tenemos mucho pasto. Tenemos la apacheta, ahí corpachamos nosotros, donde se hace la señalada y tenemos corrales donde se ven esas tarimas que son para esquilar llamas y ovejas. Allá está el volcán, tenemos la laguna rosada de Carachi Pampa. Tenemos el Cerro Colorado y las empresas están allá al lado del Campo de Piedra Pómez. Todas las que están allá son máquinas que están perforando para la empresa Morena del Valle y hacia el Cerro Colorado tienen una cantera para sacar materiales que acopian para los caminos. Allí tenemos el Campo de Piedra Pómez, está a 35 kilómetros y desde ahí hay otra distancia igual hasta El Peñón.

—¿Tienen ríos cerca?

—No tenemos ningún río acá. Solamente tenemos la vertiente de superficie, el agua que utilizamos para los animales y para nosotros. Al pozo lo tengo tapado con plástico para que no le caiga tierra, ahora está bajo porque está chupando la bomba. Tenemos una bombita solar para que salga el agua mientras hay sol y cargue el tanque, también tenemos un calefón solar que calienta y otra pantallita solar que es la luz. Todos los parajes tenemos la vertiente de superficie, solo hay río en la Laguna Rosada, donde el agua es salúrica y dónde están los flamencos. En toda esta zona, en la vega de Carachi Pampa, hay agua dulce que es de vertiente para todos los animales. Con este tema las empresas mienten mucho. Mienten con que la gente de la Comunidad está de acuerdo con que se hagan pozos de agua dulce. Dijeron que iban a hacer dos pozos de agua dulce y que el único objetivo era lavar herramientas y no lo están cumpliendo. Fui a hacer el reclamo pero han hecho oídos sordos, hablé con el gerente y me dijo “ahí te mando al hidrogeólogo”. Pero nunca llegó. Hoy soy el representante de la Comunidad y estamos trabajando en conjunto, pero hasta ahora ni se han presentado de la empresa. Hice una citación a Recursos Hídricos a Catamarca, presenté una nota para que tengamos una audiencia con ellos pero están de vacaciones y estoy esperando tener alguna respuesta. Porque tenemos solamente agua subterránea, entonces el único agua que tenemos de superficie son las vertientes, como le llamamos nosotros, y una vez que ellos bombeen nos van a sacar toda el agua. Por eso uno tiene miedo hacia la empresa. Ellos dicen que no pasa nada, que tenemos mucha agua, pero no sabemos qué hay abajo, no sabemos qué cantidad hay ni qué cantidad van a utilizar. Y nos mienten, dicen “ocupamos poco” pero la gente sostiene que no es así, que van a ocupar muchísimos litros.

—¿Desde hace cuánto está la empresa en el territorio de la comunidad?

—Hace cinco años que están haciendo exploraciones y ya está mermando el agua de la laguna. Estos son los reclamos que hice a la empresa y parece que lo tomó mal. Una vez vinieron de Medioambiente a decirnos que está mermando el agua porque nosotros tenemos ganado, pero si siempre se ha tenido muchísimo ganado aquí y no ha sucedido nunca nada. Nos han mentido con que iban a poner una regla para medir el agua pero no hemos tenido noticias de ellos. Sé que se hace un monitoreo de agua todos los meses, levantan la muestra y la mandan al laboratorio pero nunca nos han dado resultados.

Vistas desde el camino que vincula la villa de Antofagasta de la Sierra con Carachi Pampa – Foto. Gian Ferrari Slukich

Minería de litio, promesas y realidad

—¿Quienes viven en el territorio?

—Somos once familias acá, algunos van y vienen de El Peñón. Habrá unas 1500 ovejas y unas 1200 llamas. Mire todos los animales que se ven por ahí, donde están pasando los camiones, y por eso los animales se retiran del paso donde antes comían. Ahora pasan las camionetas y no respetan ni la velocidad, no se respeta nada acá. Hay muchos vehículos y tienen 160 empleados ahora. Son de Santa María y de la capital de Catamarca, también de Tucumán, pero de acá, de El Peñón debe haber solo unas diez personas. No toman casi gente local y, cuando lo hacen, no los capacitan. Las primeras reuniones que tuvieron en El Peñón dijeron que iban a tener un buen sueldo pero no pasó nada.

—¿Y cómo fueron esos primeros momentos cuando llegó la empresa?

—Cuando llegó la empresa se comprometió a cuidar el ambiente y a respetar a los lugareños. Hicieron dos reuniones y prometieron indemnizar a la gente que vive acá, solamente por pasar por el camino, y también nos propusieron comprar el lugar, pero eso nunca se aceptó. De parte nuestra nadie ha estado de acuerdo en vender. Se comprometieron, desde la empresa, en colaborar con la movilidad de los lugareños, a llevar a la gente que vive en El Peñón pero lo hicieron un mes y después no lo hicieron más. Ahora dicen que no tienen órdenes así que no levantan a la gente. Incluso están usando el camino que hicimos los puesteros con pala y pico para que entren sus vehículos a los otros puestos. Con tanto ir y venir de camiones la hacienda no come tranquila, se espanta. Este es el mayor perjuicio que tenemos ahora. Citamos al gerente también, que lo hagan por otro lado y no por adentro de la vega. Nuestra idea es que lo hagan donde no haya animales pero no tenemos respuesta.

—¿Y no hay nadie acá en la mina que hable con ustedes?

—No. Hemos ido muchas veces pero solo hay encargados que dicen que de parte de gerencia no les comunican nada. Y son gente que trabaja, los entiendo, son empleados, los que tienen que ver son los gerentes que están arriba. La empresa está en exploración pero en cualquier momento van a empezar a explotar, tienen una planta piloto y tampoco han tomado nuestro parecer. Porque esa planta está mal ubicada, está muy cerca de la vega y además uno no sabe dónde están tirando los desechos. Ya no sabemos nada, ni donde tiran los desechos ni qué es lo que están haciendo en el salar. Pero uno ve muchas cosas, por ejemplo antes tiraban los desechos cloacales atrás del volcán y ahora lo que se lava en la cocina lo están tirando en la ruta. Riegan la ruta con lavandina, detergente, grasa que sale de la cocina. Para nada de esto han consultado a la comunidad. Me he enterado que ayer han hecho una reunión en El Peñón, a la que han ido dos personas, citan a la gente de ahí, buscan firmas. La gente que está de acuerdo es porque necesitan trabajo lamentablemente, pero el resto, quienes no están de acuerdo es porque tienen hacienda, tienen ganado y la cuestión es el tema del agua dulce. Se les va a acabar el agua dulce, van a chupar todo en Carachi y después van a ir por El Peñón y por eso la gente no acuerda y les ha ido mal con la reunión. La gente se está dando cuenta que esto no es viable.

—¿Y no han venido a ofrecerles trabajo?

—En un primer momento trabajamos pero después ni nos han vuelto a llamar, nos han hecho a un lado sin explicaciones. Con mi hermano hicimos un curso sobre manejo del agua y la gente que nos enseñaba, que venía de Mendoza, nos advertía que tengamos cuidado con la empresa porque tenemos muy buena agua acá pero la empresa va a decir siempre que es mala, que no sirve para nada. También alguien que trabaja con los animales nos dejó un estudio que detalla todas las especies que tenemos (se identifican 60 tipos diferentes de vertebrados, entre reptiles, mamíferos y aves). El que hizo el estudio nos entregó los datos porque esa información se la quedó la empresa. Vienen a decir que los salares no tienen vida y mire usted toda la vida que hay aquí. Siempre nos dijeron que tengamos cuidado con la empresa, que no confiemos en ellos porque mienten. Uno que estuvo solo una semana trabajando, vino a presentarse y ahí nomás ha dicho “yo la otra semana renuncio, no me van a ver más porque a ustedes les mienten. Como lo que ha pasado en tres Quebradas con Liex (en Fiambalá), ahí todo esconden y hay mucha contaminación. Acá tené cuidado, lo mismo va a pasar”. Como en todo, hay gente buena y gente mala, como esta persona de Medioambiente que vino a decir que es nuestra hacienda la que está secando la vega, que por eso no hay agua, que nosotros no somos dueños de nada, que ellos arreglan con el Gobierno, que Recursos Hídricos son los dueños del agua. Un montón de cosas nos dicen. Incluso me hizo una nota para que yo le firme pero jamás les hemos firmado nada. Cuando recién llegaron nos exigían que firmemos hasta la confidencialidad de la empresa, que no podíamos hablar mal de ellos para tener el trabajo. Muchas veces vinieron para que firmemos, el gerente anterior llegó a decirnos “mirá, te vamos a poner internet, vamos a hacer unos pozos”, pero tampoco le firmé.

Eva Cardoso, junto a sus hijos, René y Florentino Vázquez – Foto: Gian Ferrari Slukich

“Queremos seguir siendo libres”

—¿Cómo se les transformó la vida con la llegada de la minería de litio?

—Hoy en día nos sentimos encerrados. No tenemos la misma libertad, te quieren controlar y no es así, nosotros hemos sido libres y queremos seguir siendo libres. Nos quieren controlar a los mismos lugareños hasta cuando entramos. Esto de parte de la empresa está mal, en ningún momento se les vendió nada a ellos. Hay muchas cosas que no informa la empresa, ni sabemos cuántos pozos llevan. Pusieron muchas jaulas en la parte de la vega también, según ellos era para hacer un estudio de pasto, pero los animales se agarraron en las jaulas, se rompieron las orejitas y otros animales como los corderitos, se agarraron las patitas. Pasan muchas cosas, hice un reclamo hacia el gerente Iván López (de la empresa Lake Resources) y quedó en la nada. Siguen ahí ubicadas y está pasando de todo con esas jaulas. También hay mucho plástico que lleva el viento y quedan agarrados en las plantas. Estamos siendo perjudicados y la empresa tiene varios puntos entre el este y el oeste, con muchos pozos. Serán 70 pozos de exploración de salmuera y tres de agua dulce.

—¿Notan impacto en el agua?

—Uno se da cuenta que el agua ha mermado. Además, ellos manejan aditivos para hacer los pozos y las perforaciones, pareciera que eso viene por adentro del agua y se hace una especie de goma, entonces cuando los animales se alimentan, se mueren. Incluso como la empresa ya está al lado del salar creemos que va a mermar el agua de la laguna dónde sacamos sal. La sal es para el consumo y para hacer trueque, nunca la compramos. Acá tenemos todo lo que es para el consumo y la vida siempre ha sido criar ganado. En invierno con mucho sufrimiento porque el pasto es escaso. Siempre hemos vivido de la lana, la carne, el charqui. Así han vivido mis bisabuelos, mis abuelos y todas las generaciones, con mucho sacrificio porque antes no teníamos vehículo y nos manejábamos a burrito, a mula hasta Corral Quemado. Son cuatro días solo para ir, íbamos a buscar la mercadería, hacíamos trueque en la parte de Villa Vil con mi padre.

—¿Ustedes qué quisieran?

—Lo que yo quiero es que no se pierda más la cultura, quiero que el día que uno se vaya quede para la generación nueva. Como me dejaron mi padre y mis abuelas, que se siga manteniendo como ha sido el lugar. Esa es la idea que tenemos todos los de la comunidad, queremos que se proteja todo el lugar.

La Naturaleza ante el «progreso» del extractivismo

Caminata por la hacienda en silencio, mirando el nuevo horizonte ahora habitual: los animales pastando, los camiones mineros que transitan de forma permanente a alta velocidad, la tierra removida y las mega estructuras metálicas. Se acercan algunas llamas pequeñas y en ese instante llega el sentimiento de agonía. Viene a la memoria la experiencia del día anterior en el Salar del Hombre Muerto, donde desde hace casi tres décadas la empresa Livent (antes FMC), utiliza como fuente principal el agua del río Trapiche y su vega.

La compañía acumula denuncias. Y el 4 de febrero sumó otro: volcó un camión de la empresa y derramó más de 20.000 litros de ácido en la tierra, camino al salar. Las autoridades silenciaron la situación y aún son desconocidas las implicancias tóxicas del episodio. La comunidad que habita el territorio denuncia graves consecuencias socioambientales de la explotación en curso. Además, la empresa en conjunto con el gobierno provincial protagonizan un episodio de corrupción por la grandiosa subfacturación de lo que extraen y exportan.

Al ingresar al territorio ocupado por Livent , a la izquierda, se observan los diez kilómetros de la vega quemada por el uso hídrico intensivo de la mina. Ese proyecto ahora extrae agua también del río Los Patos, a pesar de la expresa resistencia de sus habitantes, la Comunidad Indígena Atacameños del Altiplano acompañada por las asambleas socioambientales de la provincia y el país.

En la entrada, la empresa ha instalado unos carteles que dicen “proyecto de restauración de vega”. Parece una imagen de ciencia ficción: 20 personas visten con esos trajes blancos que se veían en la pandemia cargando víctimas del virus. Se mueven por la vega, pisando un pasto que parece incendiado, pero en un lugar donde no hubo fuego, sino solo presencia de la explotación de litio. La acción humana continúa innovando en las formas de destruir el entorno.

Al contemplar el paisaje, invadido por la minera, como si fuera un panóptico, se observa el “reality show” en la naturaleza, tipos disfrazados montando el escenario de catástrofe, técnicos, administrativos, personal de seguridad, mano de obra quitando la «escenografía rota» (la naturaleza) y pegando la nueva en la vega, llenando los salares con agua artificial, matando a los «bichos» —otrora llamada fauna autóctona—, cercando a los humanos, diseñando el guion de su obra macabra. Recrean una fantasía ante el espanto que produce lo real, con el argumento de una falsa transición energética y supuesta movilidad sustentable.

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