24 de mayo de 2024

Julia: la enfermera enamorada de las vacunas, que salva indígenas en México

“A los 17 años fui a una localidad que se llama Loreto, ahí vi cómo enterraban a niñas, niños y adultos a causa del sarampión”, recuerda Julia Paredes López a la hora de contar cómo empezó su vocación. Ahora es supervisora estatal del Programa de Vacunación Universal en Chihuahua. Su compromiso con la salud pública se forjó…

“A los 17 años fui a una localidad que se llama Loreto, ahí vi cómo enterraban a niñas, niños y adultos a causa del sarampión”, recuerda Julia Paredes López a la hora de contar cómo empezó su vocación. 

Ahora es supervisora estatal del Programa de Vacunación Universal en Chihuahua. Su compromiso con la salud pública se forjó con las experiencias acumuladas en sus más de tres décadas como enfermera. 

Aquella experiencia la marcó a muy temprana edad. «Por eso soy una enamorada de las vacunas y siempre le transmito a la gente que las vacunas salvan vidas», enfatiza Julia, de 50 años y quien comparte su historia con ONU México en el marco del recientemente celebrado Día Internacional de la Enfermería (12 de mayo) para hablar sobre su trayectoria y cómo las enfermedades prevenibles pueden tener un impacto profundo en las comunidades y la importancia de la inmunización.

En otra ocasión, en 1991, se enfrentó a lo que parecía ser un caso de poliomielitis. «Caminamos todo un día para llegar a la localidad llamada Las Papas. Ahí tomamos muestras y vacunamos a unos 15 niños tarahumaras. Luego resultó que no era poliomielitis, el niño había comido una hierba llamada cacachila y fue la que le ocasionó parálisis flácida», explica.

Antes de tener el diagnóstico, la enfermera tuvo que regresar a la comunidad para realizar un cerco vacunal. «Pregunté qué comían los niños, recolecté hierbas y las mandaron a laboratorio y se encontró qué hierba había comido», añade.

Julia Paredes le toma la presión arterial a una mujer indígena en la sierra.

Perseverancia y convicción

En Chihuahua, estado del norte de México que colinda con Estados Unidos, los desafíos geográficos complican la distribución de servicios de salud. Con una extensión territorial considerable y una topografía diversa que va desde desiertos áridos hasta montañas escarpadas, llegar a todas las comunidades, especialmente las más remotas, puede resultar todo un reto.

Las largas distancias y las condiciones climáticas también pueden dificultar el acceso a la atención médica y la distribución de vacunas, lo que requiere un esfuerzo coordinado y perseverante por parte de los profesionales de la salud como Julia, quien no ha dudado en montar a caballo o caminar por días para llegar a las poblaciones que necesitan ser atendidas.

“Tengo muchas anécdotas e historias de personas que se lograron salvar con la vacuna antirrábica. Atendí pacientes que fueron agredidos por murciélagos, zorrillos u otros animales… Me hablaban por radio y yo iba hasta donde estaban para aplicarles inmunoglobulina. Me tocaba caminar mucho y a veces cuando llegaba los pacientes ya tenían un estado general muy deprimido y no se salvaban, pero cuando sí lo hacían era una alegría muy grande”, cuenta la enfermera.

Su vínculo con la salud pública comenzó de manera fortuita cuando, a los 16 años, brindaba apoyo a un médico pasante en el pueblo de Batopilas, Chihuahua, que se ubica en la frontera con Sinaloa. Esta experiencia la llevó a descubrir su pasión por la salud y la medicina.

Compromiso con la salud pública

Originaria de Cerro Colorado, municipio de Batopilas, Chihuahua, Julia creció en un entorno donde la atención médica era escasa. Esta realidad la impulsó a comprometerse aún más con su labor, convirtiéndose en una figura vital en la provisión de servicios de salud en su comunidad y más allá. Ella sola atendió 1500 partos y es madrina de bautizo de 25 niñas y niños.

Para poder entrar a las comunidades indígenas, adoptó la vestimenta tradicional y aprendió algunas palabras, con ello pudo ganarse la confianza de los pueblos y brindarles atención médica. Ha recorrido largas distancias a caballo para vacunar a los tarahumaras y otras comunidades remotas, superando barreras lingüísticas y culturales para asegurar que todos tengan acceso a las vacunas.

También ha sido testigo de la evolución del programa de vacunación a lo largo de los años, enfrentando desafíos como la disminución de las coberturas y la propagación de información falsa en las redes sociales.

En este contexto, reconoce el papel crucial que desempeña la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el fortalecimiento de los programas de vacunación en México y en toda la Región de las Américas para garantizar la salud de la población.

Julia es prueba del poder transformador de la dedicación y el compromiso con la salud pública, un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más difíciles, cada esfuerzo por promover la vacunación puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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