20 de abril de 2024

Inundaciones, el ciclón y El Niño captan la atención del complicado Perú

Sismo en Perú. / Foto: Agencia Andina Lluvias torrenciales y un ciclón que dejaron más de 50 muertos y podrían ser la antesala de una nueva versión del fenómeno meteorológico El Niño desplazaron a la crisis política como centro de preocupación en Perú, pero confirmaron el malestar popular por la falta de respuestas del Estado.La…

Sismo en Perú. / Foto: Agencia Andina
Lluvias torrenciales y un ciclón que dejaron más de 50 muertos y podrían ser la antesala de una nueva versión del fenómeno meteorológico El Niño desplazaron a la crisis política como centro de preocupación en Perú, pero confirmaron el malestar popular por la falta de respuestas del Estado.

La presidenta Dina Boluarte, quien indicó que las lluvias y el ciclón Yaku dejaron además 1.300 casas destruidas, 50.000 personas afectadas y 640 kilómetros de rutas dañados, admitió las limitaciones del gobierno para enfrentar la situación, a pesar de que el problema fue anticipado por los entes respectivos desde hace medio año.

“No tenemos maquinarias, no tenemos motobombas”, dijo Boluarte en la ciudad norteña de Tumbes, ante un auditorio que de inmediato le recordó que el gobierno hizo inversiones para reprimir las protestas populares en su contra y que el Congreso, ahora aliado del Ejecutivo, dedicó elevadas sumas a gastos supuestamente innecesarios.

Y todo eso podría ser solo el inicio: las autoridades pasaron ya oficialmente de “vigilancia” a “alerta” por la posible llegada de El Niño, fenómeno episódico que en su última presencia en Perú, en 2017, afectó a cerca de un millón de personas y causó la muerte de más de 100.

“Estamos en una crisis que claramente empieza a ser una humanitaria, entre el afianzamiento de una lógica autoritaria en el gobierno, que Boluarte encarna con mucho entusiasmo, y lo que estamos viendo con desastres naturales”, comentó el analista Glatzer Tuesta en su programa de radio online “No hay derecho”.

Las lluvias y las inundaciones derivadas arrasaron varias zonas, en especial en el norte del país, y el Yaku contribuyó a agudizar la tragedia. Pero, si bien el ciclón es un fenómeno relativamente extraño en Perú, las precipitaciones y la amenaza de El Niño datan de siempre, sin que, en opinión de expertos, se haga algo para contrarrestarlas.

“No son desastres naturales, son desastres sociales; un desastre social es la suma de un fenómeno natural -sismo, lluvias, sequías-, más la vulnerabilidad en que se encuentra un sector importante de la población”, señaló el experto en riesgos Raúl Luna, en una entrevista con el Diario Uno, de Lima.

“La relación entre el modelo económico y el desastre social está en que la política de vivienda de los últimos años no considera a la población de menores ingresos; hoy se construyen miles de edificios con departamentos a los cuales no tienen acceso personas con escasos recursos, y eso no es novedad en un país neoliberal como Perú”, sostuvo Luna.

Este año, como de costumbre, la mayor cantidad de afectados, por lejos, está entre personas pobres que construyen sus casas con materiales precarios y muchas veces a orillas de los ríos, que es donde pueden conseguir un terreno más barato.

Según la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios del Perú (ADI), cerca de 95% de las residencias en el país se construyen informalmente y en un 80% de los casos son levantadas por los propios ocupantes, una cifra que sube hasta 90% en las zonas periféricas.

Para el presidente de la ADI, Antonio Amico, lo que hicieron las autoridades en los últimos años con el pretendido propósito de solucionar el problema es formalizar construcciones en zonas que muchas veces fueron tomadas por traficantes de terrenos, sin tener en cuenta la vulnerabilidad.

Las lluvias torrenciales en los Andes y sectores de la costa llenan los ríos. El posterior desborde forma avenidas de lodo y piedras que arrasan con lo que encuentran a su paso, fenómeno al que en Perú se conoce con el nombre quechua de “huaico”. En cada temporada de lluvias reaparece el problema.

En departamentos como Tumbes, Lambayeque, La Libertad y Áncash, las lluvias son tragedias anunciadas. Casi cada año las alertas se propagan, las inundaciones hacen lo suyo y todo se enfrenta coyunturalmente con promesas de solución y ayuda que se olvidan pronto.

Esta vez, según está documentado, el riesgo se advirtió desde que aún estaba Pedro Castillo en la presidencia y Boluarte formaba parte del Consejo de Ministros. Pero, como de costumbre, la toma de precauciones se postergó.

Lima, ciudad de clima desértico en la que casi nunca llueve -aunque este año hubo precipitaciones de relativa magnitud-, sufre por el colapso de decenas de quebradas que se desprenden del Rímac, el Lurín y el Chillón, los tres grandes ríos que bajan desde la sierra en busca del océano Pacífico.

Distritos populosos como Cieneguilla, San Juan de Lurigancho y Chosica, entre otros, son los más afectados en Lima, aunque los huaicos también causaron daños y alertas en balnearios del norte y el sur, poblados en las temporadas de verano por personas de clases media y media-alta.

El Yaku, que debe perder fuerza y alejarse en las próximas horas, dejó seis muertos en el departamento del norte. El relativo alivio que debería desprenderse de su alejamiento se vio eclipsado por las evidencias de que El Niño podría estar presente de nuevo este año.

El Niño, que se llama así porque usualmente llega hacia la Navidad, es un fenómeno derivado del calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que desata lluvias intensas sobre las zonas adyacentes. En los últimos años las formas más extremas tendieron a aumentar, lo que expertos vinculan con el problema global del cambio climático.

La comisión multisectorial que se encarga de observar el fenómeno en Perú subió esta semana en un 50% las posibilidades de que se presente en las próximas semanas, aunque aún se necesitará de algunos días para confirmarlo.

La tragedia dejó en un plano secundario el malestar hacia una presidenta que, según las encuestas, es rechazada por más de 70% de la población, y hacia un Congreso cuya impopularidad puede pasar de 90%, y frenó de alguna manera el clamor por elecciones adelantadas.

Pero los congresistas se encargaron de potenciar las rabias. En estos días se denunció el despilfarro de cifras cuantiosas en viajes al exterior de cuya productividad se duda y en adecuaciones de oficinas para atender caprichos.

Los reclamos se hicieron sentir: pobladores fustigaron directamente a Boluarte, ministros y congresistas fueron blanco de insultos y hasta de agresiones físicas, y un grupo ingresó a un restaurante de la ciudad de Ayacucho para sacar a empellones a un viceministro que durante una visita de trabajo presuntamente bebía licor con sus compañeros.

Para analistas, es posible que cuando las condiciones meteorológicas mejoren el malestar renazca con nuevos bríos. Una situación que, como en el caso de El Niño, solamente se comprobará o no con el paso de los días.

Fuente Telám

Deja una respuesta