29 de febrero de 2024

Crece el hambre en Argentina y el Gobierno niega alimentos a los comedores comunitarios

Por Laura Vales Todos comemos peor desde diciembre. La clase media y los sectores populares volvimos a viejas estrategias para sobrevivir. El que en diciembre cobró un aguinaldo hizo acopio de fideos y de arroz; pero entre los más pobres, las familias caminan: van de un comedor comunitario a otro. Buscan en qué lugar entregan…

Por Laura Vales

Todos comemos peor desde diciembre. La clase media y los sectores populares volvimos a viejas estrategias para sobrevivir. El que en diciembre cobró un aguinaldo hizo acopio de fideos y de arroz; pero entre los más pobres, las familias caminan: van de un comedor comunitario a otro. Buscan en qué lugar entregan viandas los lunes y dónde los martes.

“No tengo idea de cuánto cuesta nada. Dejé de entrar a los supermercados”, dice Luis frente al comedor del Movimiento de Trabajadores y Excluidos (MTE), con una risa que está toda hecha de amargura. Este mediodía, la cola de los que vinieron a buscar una vianda llega hasta la esquina.

El comedor está ubicado en el barrio de Constitución y es el más grande del movimiento: una muestra de la fortaleza que tiene en Argentina las organizaciones sociales, sostenidas por una historia de veinte años de construcción.

Aquí preparan, en promedio, 25 ollas diarias. Ollas de las de regimiento, de las más grandes, cada una con capacidad para 50 litros. El responsable del lugar, Sergio Sánchez, cuenta que la política en este centro es darle una vianda a todo el que llegue.

Sin embargo, desde que asumió Javier Milei el gobierno nacional suspendió a los comedores el envío de insumos, por lo que todos -—también este comedor— están bajo una doble presión: la de más gente que se acerca, en momentos en que tienen menos para dar.

Foto: Nicolas Pousthomis

En el conurbano bonaerense las cocineras estiran lo que les mandan los intendentes. A los centros con más espalda les quedaba en diciembre y enero algún resto económico del programa del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), que hoy ya terminaron de consumir. Las militantes buscan donaciones en los comercios y fábricas, pero no les alcanza. Los referentes no saben cuándo aguanta la situación.

Es un comentario literal. “No sé cuánto aguanto esto así. Se están violentando las filas de los comedores”, cuenta Nicolás Caropresi en el MTE. El miércoles pasado, en el comedor de Constitución prepararon 26 ollas, de las de 50 litros. Las distribuyeron a todas y aún así setenta personas quedaron en la vereda, esperando. Al no alcanzar, se generaron discusiones en la calle, acusaciones sobre si esto pasa porque alguno de la fila se llevó de más. Un clima tenso que es difícil desarmar.

Si esto es lo que está ocurriendo en una de las organizaciones más fogueadas, con más espalda para responder a situaciones de crisis, “¿qué queda para el comedor de un barrio perdido en la provincia de Santiago del Estero?”, se pregunta Caropresi.

Foto: Nacho Sánchez / Télam

Los números de la necesidad

¿Cuánto ayuda la red de comedores populares? Acá van algunos datos:

  • Primero sobre quienes sí reciben algo de asistencia alimentaria: La Tarjeta Alimentar llega a 1.9 millones de niños que están bajo la línea de indigencia. Sin embargo, su monto (que actualmente es de 44.000 pesos) no alcanza para garantizarles la comida de todo el mes (la canasta de alimentos de un niño de 5 años fue en enero de 56.695 pesos).
  • Los comedores comunitarios ayudan a completar esa brecha. Reciben, además, a parte de los 4.736.000 niños en situación de pobreza a los que no les llega una Tarjeta Alimentar y a muchos jubilados, otro sector muy golpeado por la suba de los precios.
  • La estimación que hacen en los movimientos sociales es que a los comedores comunitarios concurren cuatro millones de personas. La cantidad que asiste a los comedores y merenderos crece o se reduce según el momento: cuando los ingresos de las clases populares suben, la asistencia a los comedores baja: nadie va a hacer cola durante una o dos horas a un comedor porque le guste.
  • Hay 41.000 comedores y merenderos reconocidos por el Estado, inscriptos en el Registro Nacional de Comedores Comunitarios (Renacom). Sin duda, los existentes son más que 41.000, pero ese es el piso de los registrados, es decir de los que completaron el trámite de inscripción y fueron monitoreados por el Renacom.

La ministra Sandra Pettovello con un sector de los pastores evangélicos – Foto: Aciera

Jugar con el hambre ajeno

La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, es la responsable en del (des)abastecimiento de los comedores. Nunca recibió a los dirigentes de las organizaciones sociales, a pesar de que todas las semanas, desde mediados de diciembre, hubo reclamos callejeros. Recién asumida parecía que lo hacía por inexperiencia. Hoy queda claro que esa postura es parte de una decisión política.

El 1 de febrero la UTEP manifestó con un millar de personas frente a su despacho, un palacete de la esquina de Cerrito y Juncal, para reclamar una vez más alimentos. Pettovello salió a la puerta a confrontar a los reunidos:

-¿Tiene hambre la gente? Yo voy a atender uno por uno a la gente que tiene hambre, no a los referentes. Chicos, ustedes tienen hambre, vengan. Voy a anotar el DNI, voy a anotar el nombre, de dónde son, y van a recibir ayuda individualmente -les espetó.

No fue un gesto impulsivo, sino preparado. De hecho, minutos después los encargados de prensa de la Ministra distribuyeron el video de su “diálogo” a los medios. Es uno de los modos clásicos en que la derecha polariza: en el caso del gobierno de Javier Milei apuesta así a ganar apoyos entre los votantes convencidos de que las organizaciones sociales son bandas que viven de los pobres. Una muestra de que gobierna bien porque no fomenta los vagos, ni las intermediaciones (palabra que en el ideario de derecha sustituye al término organización social) .

El conflicto tiene un desarrollo: las organizaciones sostienen la presión a través de los días. El 5 de febrero la UTEP armó una fila de 10.000 personas con DNI para anotarse. Como era previsible, Pettovello no los atendió. El miércoles 7 hubo una nueva protesta de cocineras, esta vez en Desarrollo Social. Para el 8 fue anunciada una marcha al Puente Pueyrredón.

Y también Pettovello va haciendo nuevos gestos: firmó un acuerdo con los pastores evangélicos de Aciera (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Argentina) y lo promocionó como un acuerdo para que la asistencia alimentaria llegue a la gente “de manera directa y sin intermediarios”. Desde otros sectores del credo evangélico salieron a marcar que Aciera es “una asociación de pastores chetos” .

“Aciera es una asociación que representa a los pastores más ricos y poderosos de la Argentina. En Argentina hay ocho millones de evangélicos, el grueso votan al peronismo; ninguna asociación de pastores chetos puede representar a los evangélicos. Aciera vendría a ser la casta de los pastores evangélicos y a nosotros no nos representa”, salió el cruce el pastor Leo Alvarez.

El final del conflicto de los comedores comunitarios está hoy indeterminado. El modo en que se resuelva dependerá de cómo lo procese la mirada pública, de si va a primar la narrativa de derecha —los referentes son intermediarios, la gente es usada, además son vagos que no quieren trabajar— o el entendimiento de que las organizaciones sociales tienen un sentido y son dueñas de una historia. Una construcción que en su primer escalón, el más básico, se activa para sostener ollas cada vez que los ingresos de los sectores populares caen, pero que necesariamente son también organizaciones con intereses propios, con aspiraciones y proyectos de país. Que incidan o no en el escenario político no da lo mismo, la terrible situación de las dificultades de acceder a la comida muestra cuán necesarias son. Tanto como poder comer.

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