24 de febrero de 2024

CARTA ABIERTA A EDUARDO DUHALDE

[addthis tool=»addthis_inline_share_toolbox_h8hi»] Compañero Duhalde: Usted tiene 81 años. Yo tengo 84. Usted y yo somos dos ancianos. Es la cruda realidad que debemos admitir y a esta altura de nuestras vidas es saludable decir las cosas como son y no recurrir a eufemismos. Por  Omar Dalponte Compañero Duhalde: Usted tiene 81 años. Yo tengo 84.…

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Compañero Duhalde: Usted tiene 81 años. Yo tengo 84. Usted y yo somos dos ancianos. Es la cruda realidad que debemos admitir y a esta altura de nuestras vidas es saludable decir las cosas como son y no recurrir a eufemismos.

Por  Omar Dalponte

Compañero Duhalde:

Usted tiene 81 años.

Yo tengo 84.

Usted y yo somos dos ancianos.

Es la cruda realidad que debemos admitir y a esta altura de nuestras vidas es saludable decir las cosas como son y no  recurrir a eufemismos.

Somos dos viejos como tantos otros.

De manera que usted y yo tenemos mucho menos futuro que pasado y dentro de muy poco tiempo seremos la nada misma.

Usted ha sido concejal, intendente, diputado, senador, gobernador, vicepresidente y presidente de la Nación

Tal vez, además, haya ocupado otros cargos de importancia y eso significa que ha sido una  figura relevante en el escenario de nuestra política nacional.

Yo, solamente, soy un obrero gráfico que, siendo muy joven, paralelamente me fui formando en el periodismo, tarea que realizo hace unos sesenta años  sin haber pasado nunca de ser un periodista de pueblo.

Es decir: soy simplemente un  trabajador. Nada más. Y nada menos.

Milito en el peronismo desde 1956. No sé cuándo se sumó usted a nuestro movimiento.

Algunos dicen que sus primeros pasos en la política fueron en la vieja Democracia Cristiana.

Aquel partido proveedor de comandos civiles que fueron activos participantes de los círculos antiperonistas que contribuyeron al derrocamiento de Perón y en el cual tuvo mucha influencia, allá por 1955, la Asociación Católica Argentina.

No sé si eso fue así.

En tal caso,  comprobar dónde se inició usted en la militancia será tarea de algún investigador interesado en el tema.

Si sé que en 1973 usted fue elegido concejal en Lomas de Zamora y que por cierta maniobra no santa terminó siendo Intendente de su ciudad natal.

Fue luego de que por una «apretada» mayúscula  terminaran  bajando de la intendencia al por entonces intendente de la ciudad, Pedro Pablo Turner, elegido democráticamente y apoyado por la Juventud Peronista.

Se dijo por entonces y se ha publicado en diferentes medios, que bandas armadas presionaron a otros dos concejales para que renunciaran al puesto, mientras la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) llegaba a Lomas de Zamora para asesinar a Turner y a sus partidarios de la Juventud Peronista.

Durante su intendencia, basta recurrir a publicaciones de aquella época, la Triple A y comandos de la policía provincial llevaron a cabo varios asesinatos y secuestros, entre ellos la denominada masacre de Pasco.

Después de que los argentinos padecimos la tragedia de la dictadura cívico-militar durante los años 1976 y 1983, a usted se le abrieron las puertas grandes de la política y sucesivamente ocupó diversos  cargos. Nunca lo voté.

Pues el hecho de que usted fuese  compañero de fórmula de Carlos Saúl Menem hizo que no sea santo de mi devoción.

Usted fue vicepresidente  desde 1989 hasta 1991 convalidando con su presencia las políticas nefastas llevadas a cabo por Menem.

Y siguió siendo cómplice de aquellas politicas, como gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 1991 hasta 1999.

Como no quiero ser injusto, en honor a la verdad reconozco que su gestión a cargo de nuestra provincia tuvo aspectos positivos y durante la misma se hicieron obras importantes.

Todo lo bueno y lo malo está para recordar entre las luces y sombras de su larga vida en el mundo de la política.

En 2002 en circunstancias complicadas ocurridas en nuestro país, usted asumió como presidente de la República y le confieso que, después de lo padecido en el tiempo inmediato anterior, me sentí aliviado y recibí con simpatía su llegada a la primera magistratura.

Y como la verdad hay que decirla, le comento que muchos trabajadores sentimos que el trato por parte de las patronales hacia nosotros mejoraba con respecto a las gestiones de De la Rúa, Cavallo y compañía.

El suyo se veía  como un gobierno peronista que a diferencia de los anteriores inmediatos daría algún alivio al pueblo.

Así fue, porque un par de pequeños aumentos al comienzo de su gestión ayudaron, aunque mínimamente, a hacer un poco más llevadera la grave situación salarial de quienes trabajábamos en relación de dependencia.

En varias notas mías publicadas en distintos medios expresé mi reconocimiento a su gestión y lo valoré como un «buen piloto de tormentas».

Más adelante, ya elegido Nestor Kirchner, el cargo que usted ocupó en el Mercosur y su relación aparentemente buena con el flamante presidente, a muchos de nosotros nos causó una gratísima impresión.

Con el correr del tiempo su relación con Néstor Kirchner se fue deteriorando y el triunfo de Cristina Fernández en las elecciones legislativas de 2005 sobre su señora esposa, Hilda «Chiche» Gonzáles de Duhalde, por más de 20 puntos parece que despertó en usted un resentimiento que hasta el día de hoy no ha podido superar.

El tiempo fue avanzando.

Y los de nuestra generación fuimos envejeciendo.

Con la vejez vinieron los achaques.

A unos más a otros menos.

Pero ninguno de nosotros puede escapar a esta cruda y dolorosa realidad.

En su caso, compañero Duhalde, su deterioro comenzó a notarse cuando confesó que «estando en ejercicio de la presidencia de la Nación  en marzo de 2003, tuvo alucinaciones recurrentes.

Veía un río en el fondo de la Quinta de Olivos y que Chiche, su esposa, tuvo que llevarlo de la mano a comprobar que no pasa río alguno por ahí».

Hace poco tiempo, en 2022 dijo también en el programa Modo Fontevecchia: «Estuve muy mal de salud e intenté suicidarme por un remedio que había tomado y casi me suicido.

Como no tengo médico de cabecera, en el club me habían dicho que estaba deprimido y me lo dieron.

El problema es que el 4% de los que lo toman tienen ‘ideas negras’. Intenté suicidarme pero, por suerte, las personas que fui a visitar esa noche, y vivían en pisos altos, no estaban.

Cuando subí al coche ya estaba mal, me enojé porque no estaban y me fui a tirar. Los que estaban conmigo se dieron cuenta, me llevaron al médico y perdí la razón.

Ya estoy mejorando.

Costó mucho salir pero estoy bien, dispuesto a trabajar en lo que hice siempre”.

Ahora en declaraciones recientes ha expresado su decisión de dar pelea para conducir al Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires.

Por supuesto que tiene todo el derecho de hacer políticamente lo que tenga deseos.  Bien compañero Duhalde, haga lo que desee hacer. Junte su tropa y compita. Veremos cómo le va.

La oposición a nuestro gobierno, o sea el macrismo y sus socios mayores y menores, sabe muy bien que es más fácil sacarle jugo a un ladrillo que a usted.

Pero también sabe que por poco que sea, todo lo que pueda utilizar para sembrar discordia en el peronismo le irá de perillas.

A usted lo están utilizando, Duhalde.

Y a usted, hombre experimentado en la política, el resto de lucidez que aún conserva le alcanza para darse cuenta de que así es la cosa.

Lamentablemente  no le importa y acepta de buen grado que lo manipulen.

Su odio al kirchnerismo y vaya uno a saber qué otros motivos, hacen que usted, objetivamente, se pase definitivamente a las filas de nuestros enemigos

Eso sí, tenga presente que regalàndose para ser funcional a los designios del macrismo, que es una de las caras brutales del neoliberalismo, le hace mucho daño al peronismo.

Presumo que para obtener sus favores usándolo para sembrar cizaña y dividir lo que pueda del peronismo, los macristas le tirarán algún hueso y usted estará obligado a arrojar su nombre a los perros.

No le va a ir bien, Duhalde.

Al final quedará en  ridículo, lugar de donde no se regresa.

O puede ser peor.

Corre el riesgo de quedar como un viejo traidor.

Créame que como peronista, ante actitudes como la suya, siento un profundo disgusto.

Es muy posible que usted no lea esta carta escrita por  un viejo peronista, pero si por casualidad llega a sus manos sepa que seguramente ha sido leída por cientos o miles de personas.

Ojalá Dios lo ayude para que no caiga en total desprestigio y pueda tener una vejez digna.

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